viernes, 23 de marzo de 2012

Desear lo que tenemos


Deseo y placer. La mente los mezcla en una dimensión temporal y se confunde. El deseo es el placer proyectado en el tiempo, la anticipación de la alegría, el goce o la felicidad. El placer es el “ya”, y el deseo, el “después”. Presente y futuro. Pero si el desear es un acto determinado por la carencia, por lo que no tenemos y añoramos obtener, cabe preguntar: ¿en qué se convierte cuando lo alcanzamos? Ya no sería privación o escasez, ya que estaríamos haciendo uso del objeto del deseo, degustándolo, consumiendo y agotándolo. Una vez llegamos a la cima, ya no vemos la cima. En ese momento, la psiquis transforma la avidez augurada, en placer contante y sonante. Una vez saciados, a otra cosa, hasta que el deseo empuje de nuevo para eliminar el aburrimiento. Parecería que para el deseo no hay presente, su dinámica fluctúa entre el recuerdo de las sensaciones vividas  y la expectativa de concretarlo. Cuando pasa por el presente, no lo identificamos con claridad.

Epicúreo fue el que más se aproximó a una comprensión verdadera de este juego tiempo/placer. No solo lo conceptualizó, sino que lo puso en práctica. Para él y sus discípulos hedonistas, el “goce de vivir” fue el “arte de vivir”. El bien supremo no era la virtud en sí misma, sino el placer saludable y la felicidad asociada. Epicúreo deseaba lo que tenía, las “ganas” se convertían en potencia de vida, en autorrealización, en una fuerza por existir cada vez más, sin mojigatería ni doble moral. Es decir: era un modo de vida, como diría el filósofo Pierre Hadot.

Un punto del epicureísmo que me parece vital, es la diferencia que se establece entre el placer cinético (causado por un estímulo que llega, nos impacta positivamente y/o cubre una necesidad: tengo hambre y tomo alimentos, tengo sueño y duermo, estoy bajado y pruebo estimulantes) y el placer estático (el disfrute reposado y pacífico, el placer fundamental) que se obtiene cuando estamos en una situación “sin dolor”, debido a que el aversivo desparece o se controla y el balance interior ha sido recobrado. El estado estático ideal, el del hombre sabio, ocurriría cuando se logra  disfrutar de “la ausencia de una necesidad” bastante tiempo después de que el dolor se ha ido: por ejemplo, el placer de no tener sed,  sueño, hambre, ansiedad, de no estar solo, enfermo o en desamor. En fin: el agrado del “no”.

Pero como resulta obvio,  esta ausencia del malestar suele pasar desapercibida por nosotros, a no ser que sea reciente. Nadie está feliz porque no tiene una espina clavada o no le duele una muela, si eso le ocurrió hace años o meses. Nadie se alegra de “estar sano”, si no acaba de salir de una enfermedad (se nos olvida muy rápido por lo que pasamos). Pocos agradecen tener una buena pareja, un buen trabajo, unos buenos hijos, amigos y estar vivo, simplemente por que sí. Nos acostumbramos a la ausencia de dolor, al estado simple y maravilloso de estar sin la tortura. No niego que haya estímulos que nos sacudan, y que si no son dañinos conforman el picante de la vida, pero lo otro, lo ya resuelto, lo cotidiano, el sosiego que habitamos por no estar hambrientos, sin achaques o sin padecimientos en general, lo ignoramos. Lo damos por hecho. Creamos una amnesia al “placer del no sufrimiento”, quizás porque sea una felicidad que entra por la puerta de atrás. Estar atentos a los placeres estáticos, que son miles, haría que la alegría de vivir fuera inmensa: desearíamos y disfrutaríamos  lo que tenemos, no solamente lo que quisiéramos tener. Recuerdo un señor sobreviviente de la guerra civil española, que había decido mantener activo el placer de una comida digna y un buen vaso de vino después de las angustias pasadas. Cada almuerzo y comida se le veía sonreír para sí.

Algunas religiones cuentan con ritos de “agradecer a Dios” que pueden ser vistos como una forma de atención consciente a la dicha estática. Queda claro que no hablo de resignación o abandono de sí mismo. No me refiero a reprimir el placer, sino a ampliarlo hasta abarcar el presente. Traer el deseo al “aquí y el ahora” es resaltar la dicha que conservamos y no vemos. La serenidad de la mente es una condición que permanece más allá de estimulo-respuesta. Se trata de sentir la plenitud del ahora, el placer de un reposo auténtico  donde la percepción del “no dolor” sea cada vez más conciente. Algunos hablan de gratitud.

10 comentarios:

  1. LA SERENIDAD DE LA MENTE Y EL ESPÌRITU..UN CORAZÒN PLENO DE FELICIDAD. AHÌ EMPIEZA EL ESTÌMULO -RESPUESTA. DAMOS LO QUE TENEMOS... PUES A DAR AMOR DEL BUENO SE HA DICHO.

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  2. Creo que somos esclavos de nuestros propios sufrimientos, pues algun beneficio obtenemos con sentirnos infelices o insatisfechos,en nuestro mundo interior y exterior, comodidad quizas? o no atreverse al mundo nuevo del presente activo Lo desconocido es silencio
    El presente es desconocido
    y eso nos aterra
    pues siempre queremos tener todo clarito!!
    y asi estar tranquilitos!!
    desconocido

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    1. si claro el beneficio de ser La Victima, q en los dias actuales o para el judeocristianismo de siempre q no son religiones de la alegria, ha tenido muy buena prensa, y creo q hacemos identidad en LA Victima, xq atraemos la atencion con nuestro sufrimiento, pero no estamos solos, vivimos en la cultura de la queja constante, si no hay de q , siempre esta el clima ja ja, q si hace frio xq lo hace y si llueve xq llueve......en fin, es todo un camino a desandar, saludos.....ah y una cosita mas q me hizo pensar es al frase q dice q la comodidad es enemiga de la libertad!!

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  3. Pienso que el deseo conseguido se vuelve en un placer, pero dura poco tiempo, porque cuando nos percatamos ya nos deja de interesar porque ya lo tenemos seguro y la emoción de insatisfacción vuelve a apoderarse de uno, y volvemos al principio. De tal modo que vivimos en una insatisfacción perenne. Al no estar satisfechos buscamos cosas o estados que nos lleven a la paz y la tranquilidad, pero estas emociones son volátiles y efímeras, y es muy común volver a la inconformidad. La vida es un círculo vicioso y fluctuamos entre emociones.

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  4. Un punto importante mencionado es que la mayoria no agradecemos por aquello que damos por hecho, como un buen trabajo, una buena pareja, etc., y es solamente al carecer de esto que nos damos cuenta realmente de su valor y que son las satisfacciones mas grandes pues no son efimeras y pueden disfrutarse dia a dia a cada momento. Creo que esa es la verdadera plenitud y felicidad.

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  5. Gracias por este post. Me hizo recordar la gratitud del presente sobre todo. Especialmente sobre el espejismo del oasis. Que nunca llega. Pq probablemente no estoy prestando atencion.

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  6. Creo que esto tiene que ver con el deseo de busqueda del ser humano, es una condicion propia de estar buscando siempre mas, por lo tanto cuando deseamos algo y lo conseguimos nos cuasa placer instantaneo, pero en seguida queremos mas, por eso esque es tan dificil sentirnos plenos y no valoramos las cosas que tenemos en el aquì y ahora, esas cosas que para nosotros son tan normales como una comida, el trabajo, la familia o la pareja, solo lo notamos cuando ya no esta presente, para empezar a sentir placer por el dìa a dìa tenemos que empezar a agradecer tal y como dice el post, el agradecimiento por las cosas que aunque parezcan triviales nos hara darnos cuenta de la importancia que tienen en nuestra vida...

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  7. la naturaleza humana siempre esta en busca de algo o alguien .. en su caso de una explicacion. Mientras no perdamos la inquietud por el conocimiento o el engrandecimiento del alma no perderemos el valor que obtenemos con cada respuesta.

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  8. Estoy pasando por un momento de intranquilidad e insatisfacción y no te imaginas como me sirvio leer este articulo, es que realmente esta tendencia a centrarnos en lo q no tenemos, en lo q deseamos, soy una creadora frustrada porque quise armar mi rompecabezas con piezas q no encajaban y eso de no salirnos con la nuestra si q nos perturba o por lo menos a mi. Walter y las demas personas que han comentado no se imaginan como han mejorado mi dia, es mejor centrarme en el vaso de agua que puedo beber que en la persona que no puedo tener, muchisimas gracias y sigamos disfrutando de las pequeñas pero esenciales consas de la vida!!

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  9. Me encanta el título: Desear lo que tenemos.
    Comparto su reflexión sobre la idea de valorar, aceptar y estar bien con lo que SÍ que tenemos, en lugar de focalizarnos en lo que NO tenemos. Considero que es fundamental sobretodo en el día a día agradecer y pararse a pensar y a expresar a los demás lo que nos gusta y no esperar a perder las cosas y/o personas para entonces darnos cuenta y expresarlo.
    Los pequeños placeres del día a día serían los que creo que nos darán una sensación de bienestar. Estos buenos momentos nos los tendremos que proponer y pensar nosotros mismos con lo que contemos en ese momento, sin desear realizar otra actividad que en ese momento no sea posible. Valorar lo que tenemos AQUÍ Y AHORA y facilitarme que ME GUSTE, en vez de pensar en el ayer o en el mañana dando lugar a pensar en lo ideal, en aquello deseado y que a lo mejor no es posible, al menos por ahora.
    DISFRUTA Y PARATE A FIJAR TU MIRADA EN LO QUE SÍ QUE TIENES AQUÍ Y AHORA.

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